miércoles, 22 de mayo de 2019

Ella algún día reverdecerá.

La tomé en el "Paseo los Próceres" - Caracas 
La vida sigue en la que algunos siguen llamando la Octava Isla. Los recuerdos son todo lo que queda de aquellos momentos felices en un país que ya no es. Por más que traté de conseguirlo, se había ido, lo vi en varios sitios a la vez, sonriente a veces, a veces triste, a veces caminando a la orilla de de una playa en Tenerife o Lanzarote, otras veces en las calles de Bogotá o Medellín, a veces los vi escalando torres muy altas en Virginia o en Texas, y otras sentados en un balcón en Funchal, con la mirada hacia Caracas con el mar que refleja la luz prístina del sol en las olas danzando de allá para acá.

Y así, desperdigado por muchos naciones cuál diáspora septentrional, mi país se fue, y se le puede ver en el acento cálido del Caribe que persiste aún, nostálgico, quedo, como el último bastión de resistencia que queda. Quizá tiene razón el judío, Cohelet, "nunca digas que los tiempos pasados fueron mejores", no porque no lo fueran, pues jamás en cabeza alguna alguien pensaría que es peor la paz y la prosperidad a la guerra y el hambre, sino porque es necesario seguir caminando al futuro.

Una cosa se, que Venezuela jamás volverá a ser lo que era, que hoy no es lo que fue, pero que definitivamente será, una nueva Venezuela. ¿Cuando? Nadie lo sabe, pero es la naturaleza de las naciones, ella emergerá de nuevo de la semilla muerta que hoy yace en la tierra, reverdecerá y conservando aquella esencia, se levantará como un árbol totalmente nuevo que dará su fruto a su tiempo. Quizá yo no lo vea, quizá mis hijos no lo vean, no lo se, pero se que pasará.

© Por Fares Palacios. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

martes, 26 de marzo de 2019

Entre amaneceres y apagones.

Esta foto la tomé el amanecer del lunes 25/03/2019
Cerca de la Iglesia Providencia de El Junquito. 
Escribí esta mañana un breve pensamiento en medio de este gran apagón que nos sorprendió nuevamente desde el día lunes en la noche. Lo estoy publicando en este momento aprovechando que el servicio eléctrico ha sido restablecido en Caracas, no se hasta cuando. Dios les bendiga y gracias por visitar mi blog. 

Ha sido difícil escribir, los apagones dificultan la conexión y el uso de mi querida computadora portátil con una batería ya gastada me obliga a escribir breve y rápido, antes que también esta pantalla quede en oscuridad. En este momento por cierto, estoy valorando mucho mis amados libros físicos, porque cuando nos privan de la electricidad, solo quedan los fieles textos, algunos amarillentos, pero que no dejan de ser muy útiles, todos los cientos de libros digitales de nada sirven en este momento que vivimos, de igual forma, el papel y el lápiz no pasan de moda en casa, son de un alto valor para nosotros.

El domingo pasado, estuve en un hospital público de Caracas, haciendo una visita. Confieso que para mi jamás ha sido fácil ir a una cárcel o a un hospital, y en estos momentos que vivimos se hace mucho más difícil y doloroso. En la emergencia del hospital, pernoctan los familiares agotados de tanto correr, de buscar las medicinas que no aparecen, de ir de allá para acá, la mayor parte del tiempo a pie, acalorados, sedientos, temerosos, para poder conseguir los insumos, arriesgándose a ser contaminados por alguna bacteria, haciendo todo lo que pueden para salvar la vida de su ser amado, luchando para prolongar la dádiva que el paciente ha recibido del Creador.

Sus rostros caídos son un espejo de lo que poco a poco a ido ocurriendo en todos nosotros, estamos cansados, pero aún tenemos el don de la sonrisa en medio del caos, cosa que sin duda proviene de Dios. Los que están hospitalizados sufren, los riesgos aumentan, los virus se expanden, como por ejemplo la hepatitis, el agua escasea, la electricidad, el transporte; es tan difícil poner en palabras esta situación, sin embargo, al mismo tiempo el brillo del sol es hermoso en el verdor de los árboles que parecieran bailar con la suave brisa que nos alivia del calor, hay destellos de hermosura en medio de la fealdad de la opresión que todo lo destruye, el Señor no deja de enviarnos esperanza, no deja de compadecerse de nosotros, no deja de amarnos ni un solo minuto y darnos aliento usando pequeños detalles como el brillo de una hoja verde danzando con el viento.

La gente a diario hace un gran esfuerzo por ir a trabajar, por llevar a sus hijos a la escuela, por seguir adelante buscando una normalidad que no existe, los que más padecen, son aquellos que no tienen un vehículo propio, las paradas están atestadas de gente que está desesperada por llegar a trabajar a un lugar donde el pago no alcanza ni para comprar un cartón de huevos. Hoy no tenemos electricidad, la gente se queda en sus casas y los que pueden, tratan de poner en orden sus cosas, algunos limpian sus patios, otros leen un buen libro y otros tocan algún instrumento musical como esperando no sé qué cosa entre tonada y tonada mientras miran hacia hacia la costa.

Algunas mujeres atienden sus flores y plantas, los niños juegan como si nada rompiendo el silencio que reina en el aire, alegres, en medio de la novedad de los feriados forzados, y los perros descansan en los solares, todo se paraliza, la actividad económica del pueblo y de la ciudad, los negocios están cerrados, y queda esta extraña sensación de ser como un gran barco que ha quedado varado en medio del océano esperando, esperando siempre, con miles de seres humanos con ojos ya oscurecidos, observando a ver si aparece alguna nave de rescate, pero solo se divisa el mar, y mar, y mar, solo agua salada y algunas gaviotas tratando de pescar algo de manera insistente.

En medio de todo esto, los cristianos luchamos con tentaciones y pensamientos de tristeza, desesperanza, anhelos y tiranías. Viendo al horizonte, contemplando el mar Caribe, elevamos una oración al Dios trino rogando nos conceda la fe necesaria para resistir; “No nos metas en tentación, y líbranos del mal”; hastiados de las pugnas entre los partidos, de los duelos entre izquierdas, de la guerra de las cizañas, de las mentiras y las palabras hirientes y necias de quienes no sufren estos dolores, de las promesas incumplidas, de la miseria humana que aflora en la necesidad.

El dolor a veces es ensordecedor, tan extrañamente ruidoso que podría cerrar nuestros oídos para no oír las palabras de nuestro Rey, ¿y qué sería de nosotros sin su misericordia y su santa palabra? De pura gracia el Dios trino nos sigue regalando bellos amaneceres, el canto de las aves que le adoran y alegran nuestros corazones, nos sigue dando momentos maravillosos de contemplación de la luna y las estrellas, ¡todo lo creado alaba al Señor!, todo lo creado nos invita a la adoración, así lo creo, yo he sido invitado por los grillos, los sapos, las aves diurnas y nocturnas, las chicharras, los cocuyos y las bestias a alabar al Creador, y entre lágrimas me va bien, limpiando mi corazón de impurezas, de odios y tristezas que matan, el Sol de Justicia purifica lo que está infecto en el alma y su gloria se despliega en la perseverancia de aquellos en quienes Él ha iniciado la buena obra, que jamás se detendrá hasta que sea perfeccionada; ¡dichosos son los que tienen por Rey al Cristo de Dios!; ¡dichosos los que tienen en ellos al Consolador!; ¡dichosos todos los que aman al trino Dios, porque las aflicciones de este tiempo son breves, pero la gloria y el gozo inefable que está por venir jamás, jamás, jamás perecerá!

Al mismo tiempo, los inicuos, los malvados, los opresores y todos los que blasfemaron y dieron la espalda al Dios de Israel, recibirán su justa retribución, ellos son los herederos del fuego del infierno, ¡arderán eternamente y su memoria será borrada de la tierra para siempre!; ¡loado sea Cristo nuestro Señor, que nos persevera, nos fortalece y consuela!; ¡aún en la pobreza, en el hambre, la opresión y la guerra, somos más que vencedores en Cristo Rey, nuestro Señor!

© Por Fares Palacios. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

sábado, 29 de diciembre de 2018

La gloria de Dios en una taza de café.

Café de la abuela Marina. El Junquito. 
El café sin duda es para mi un misterio. Siempre me pregunto cómo fue que alguien, un ser humano en el Oriente, según la historia, descubrió que de esa fruta ya seca, se podía, luego de tostarla y molerla, extraer una bebida tan apreciada como el café. Quizá nunca lo sepa, pero le doy gracias a Dios por los árabes que lo descubrieron y lo exportaron a la Península Ibérica y a los españoles, nuestros padres continentales y canarios, que trajeron el precioso fruto a Venezuela que por eso es hoy día un país cafetero por tradición. Tenemos café incluso en los patios de las casas, un café de calidad superior que por causa de nuestro contexto actual no ha podido ser compartido con el mundo, como lo han hecho otros países. Sin embargo, no faltan aquellos que estén tratando de sembrar y cosechar la fruta de los cafetales para su propio consumo, y si hay un poco más, para tratar de ofrecer a quienes quieran pagar por él. 

Mientras escribo me tomo un café caliente que por la bendita gracia de Dios me ha preparado mi esposa. Ese calor y los diversos tonos del mismo, ese aroma que llena la cocina, el comedor e incluso la casa, es parte de nuestra cultura, es parte de nuestra vida. Y, aunque hoy en nuestro país el café, que era tan común y accesible, es ahora una especie de lujo, siempre buscamos la forma de conseguir al menos un poco, al menos unos granos, al menos un sorbo. Dios en su infinita bondad nos provee de estos pequeños detalles. 

Ayer estuve en casa de mis suegros, y como en casi todas las casas de esta montaña, sobre todo de los fundadores o los que llegaron primero, hay amplios patios sembrados con matas de cambur, de aguacate, verduras, flores, café, limoneros y naranjos que perfuman el aire, entre otros, y ellos tenían listo un grano de semilla de café que pronto será tostado y luego molido para preparar un café puro, de la tierra que Dios nos ha dado para vivir. La extracción de la fruta de la planta, luego la espera del grano seco, el trabajo de preparación, el tostado y demás; tiene varias implicaciones.

La primera, es que el Señor nos da la tierra para sembrarla, la siembra demanda paciencia y oración, confiando en Dios que enviará el agua a su tiempo para regar las plantas que nos darán los frutos. La paciencia se extiende al tiempo de crecimiento y florecimiento del arbusto hasta dar su fruta. De ninguna manera es un café expreso el que se sirve, tarda en llegar y algunos hasta hablan con los matojos, como evocando a Adán en el Jardín del Edén. ¿No dicen las abuelas que hables a las matas y a veces las reprendas para que crezcan y den fruto, que algunas son flojas? Y lo hacen, y he visto como después de regañadas, empiezan a dar frutos, esto es algo que no sé cómo y por qué ocurre.

Lo cierto es que las plantas siguen creciendo y dando sus frutos, a la orden del decreto eterno de Dios que allá en Génesis ordenó a la hierva y a los árboles frutales crecer y multiplicarse. ¿No es maravilloso que las plantas sigan creciendo hasta hoy por la orden inicial del Creador? Esto es algo que jamás debemos olvidar, si bien es cierto que debemos orar, preparar la tierra y regar para que las plantas crezcan, ellas sin duda jamás lo harían sin la orden de la Providencia que les infunde vida y belleza. ¡Toda la creación alaba al Señor! ¿lo hacen también los cafetales que nos regalan el cafecito mañanero? Yo creo que si. ¡Loado sea nuestro Señor Jesucristo que muestra su gloria y su majestad incluso en una taza de café!

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sábado, 15 de diciembre de 2018

¡Yo si soy religioso, por la gracia de Dios!

Paseo Los Próceres - Caracas. 
Ninguno de los apóstoles del Señor Jesucristo hubiere sido tan "bondadoso" con los falsos apóstoles del siglo xxi como son los maestros y voceros neo-evangélicos de hoy. Esa defensa apasionada de herejes y falsos maestros, esa apología impregnada de "compasión" y del popular "ora por ellos en vez de juzgarlos" es de por si sospechosa. ¿Qué razón tiene alguien para defender a un hombre que hace mercadeo con la fe, que tuerce las Sagradas Escrituras de manera desvergonzada y promueve un evangelio centrado en los caprichos del corazón del hombre?

Las razones pueden ser muchas, pero para mi, la principal radica en una mala comprensión del Evangelio de Cristo y de la fe cristiana, producto del bombardeo de desinformación y mala enseñanza que abunda en la televisión, la radio y las redes sociales, y por supuesto, también es un fruto del pecado de corazón de quienes son seducidos, pues en última instancia, quienes no quieren sufrir la sana doctrina, son responsables de correr detrás de sus propias imaginaciones y deseos, aborreciendo finalmente el mensaje de Cristo aunque afirmen ser cristianos, adoptando un sistema creado para negar la fe, abrazando una construcción heterodoxa y digerible para aquellos que no pueden soportar la verdad de la enseñanza de los apóstoles. Todo esto dentro de un círculo que se denomina cristiano y afirma que adora a Cristo.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Rogamos a Dios que Él enderece lo que nosotros pudimos haber hecho mal.

Uno de los recuerdos más vívidos de mi memoria, fue en el contexto de una celebración aniversario me parece, de la Iglesia Bíblica Bautista de Vista Alegre, donde el amado pastor Howard Musgrave, fue reconocido públicamente, como es costumbre hacer con los siervos de Dios en esa congregación. Recuerdo al pastor Musgrave en silla de ruedas, ya afectado por la enfermedad que padecía, y además a su esposa, la muy estimada y siempre virtuosa hermana Naomi de Musgrave. 

En esa oportunidad la hermana Naomi tuvo unas cortas palabras, la verdad no preciso los detalles, veo algunos rostros en los archivos de mi mente, y algunas frases, pero fue una expresión la que ella usó en su testimonio, la que atravesó mi corazón hasta el día de hoy. 

Ella hablaba de su amado esposo, lo reconocía y hablaba de su ministerio y hablaba en su nombre agradeciendo (el pastor ya no podía hablar bien) por el amor de los hermanos, y en una de esas palabras dijo: 

“...rogamos a Dios que Él enderece lo que 
Nosotros pudimos haber hecho mal...”.

Si, la recuerdo con el micrófono en mano, con su ropa decorosa, sus ojos que parecían brillar el auditorio lleno como siempre. 

En esa expresión que fue como una oración o súplica, pude ver la sincera preocupación y ruego al Señor Jesucristo de la hermana por lo que en el pasado pudieron haber hecho mal, incluso sin saber. Sin embargo, la verdad, es que el ministerio del pastor Musgrave sigue dando fruto el día de hoy, mucho fruto, fruto que permanece y su testimonio brilla impecable. Estoy seguro de que el día de la resurrección, el pastor Musgrave verá la obra de sus manos con gozo, y dará alabanzas al Rey que lo escogió para tan honrosa labor.

Eventualmente recuerdo las palabras de la hermana Naomi, y ruego a Dios que Él, que es todopoderoso y misericordioso, bueno y compasivo, sabio, justo y soberano, pueda enderezar lo que yo pude haber hecho mál y ya no tenga posibilidad de enmendar por alguna razón. Es imposible retroceder el tiempo, a veces es imposible incluso contactar algunas personas en el presente, o reparar lo que se hizo en el pasado, pero Dios que es infinito en sus perfecciones y bondades, y que escucha los ruegos de sus hijos cuando son conformes a la Sagrada Escritura, se encarga de restaurar, enmendar y perfeccionar de pura gracia aquello que él mismo empezó, porque sus planes jamás serán frustrados para con sus hijos.

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Diario # 6. "Al final, nosotros ganamos", Semana # 7.

Los Pinos - El Junquito. 

Comparto contigo esta nueva meditación de mi Diario Espiritual. Pensé que podía ser de ánimo y edificación para ti. Que la bendición de Dios sea contigo hoy.

Cuando el sumo sacerdote, los plateros, los sacerdotes y gobernantes empezaron la reconstrucción después de la exhortación y testimonio de Nehemías (1), lo hacían movidos por un poder irresistible que nace de la fe que Dios concede como un don. La fuerza para continuar colocando los ladrillos en la muralla viene de Dios que pone así en nosotros el querer como el hacer (2), para que con fervor y entusiasmo, amén de la dura oposición, sigamos adelante participando en los propósitos eternos del Dios de Israel.

Sino fuera por la gracia de Dios, hace tiempo ya que hubiere desmayado, sino fuera por la palabra de Dios, como dice el salmista, ya hubiera muerto en mi tristeza (3), pero Dios es bueno y se acuerda de que somos polvo (4), y nos sustenta con su Espíritu Santo, renovando nuestras fuerzas (5). Somos partícipes de la más preciosa y gran obra, la obra de Dios, la edificación de un Reino, el Reino de los cielos, una obra que jamás será detenida para siempre, las puertas del infierno jamás podrán contra la Iglesia (6), y nosotros somos miembros de esa Iglesia que hoy es perseguida y peregrina, pero que también es triunfante por Cristo Jesús. 

Para mi es consolador saber que nada me podrá separar del amor de Dios (7), ni el hambre, ni la persecución, ni el peligro, ni la espada, ni la angustia, ni ángeles, ni ejércitos, ni revoluciones, nada me podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Tengo por cierto, que las aflicciones del tiempo presente jamás podrán compararse con la gloria que en nosotros se ha de manifestar (8).

Nuestro consuelo en la victoria total y final, nuestra alegría y nuestra fuerza es el gozo del Señor que nos infunde su aliento por medio de su fiel y verdadera palabra que nos promete que las Leyes del Reino un día cubrirán toda la tierra, que el conocimiento de Dios llenará toda la faz del planeta como las aguas cubren el mar (9) y que en su trono, espléndido y victorioso, nuestro Rey, Jesucristo, con justicia y santidad, regirá las naciones (10).

Mientras ese momento llega, seguimos colocando los ladrillos, colocando piedra sobre piedra, cada uno frente a su casa (11), con sus hijos e hijas, con sus mujeres y hermanos, todos los santos y fieles, los israelitas de Dios, los discípulos de Cristo. ¡Al final, nosotros ganamos!. (12)

(1) Neh 2:11-20, 3:1-32. 

(2) Fil 2:13.
(3) Sal 119:32. 
(4) Sal 103:14. 
(5) Sal 23: 3-5. 
(6) Mt 16:18. 
(7) Ro 8:39.
(8) Ro 8:18. 
(9) Hab 2:14.
(10) Is 11. 
(11) Neh 3.  
(12) Ap 17:14. 

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miércoles, 28 de noviembre de 2018

Diario # 5. “Líder para la gloria de Dios”, Semana 6.

Comparto contigo la meditación de hoy de mi Diario Espiritual. Pensé que podía ser de ánimo y edificación para ti. Que la bendición de Dios sea contigo hoy. 

Esta semana he estado meditando en el liderazgo con propósito, ¡cuánta responsabilidad la del líder! El liderazgo creo, es un don de Dios que ha sido dado con un propósito, y ese propósito es la máxima gloria posible para Dios. El líder cristiano es un siervo fiel que procura promover los intereses de su Señor, los intereses de su Reino, todo lo que hace, lo hace para el Rey, para la gloria de su nombre, para extender su fama a todos los pueblos de la tierra aún a costa de su propia vida, aún en tierras lejanas en islas perdidas en medio de las tinieblas del paganismo, donde solo mencionar el nombre del Rey implica la muerte segura.

El líder para la gloria de Dios entiende la carga que tiene, no tiene tiempo para relajarse en sentido espiritual, sabe que la vida en esta tierra es un estado continuo de guerra y que la paz llegará un día, pero no ahora, un día el líder y el pueblo escogido de Dios podrán dejar las palas y las espadas, un día podremos todos dejar nuestras armas y descansar, cuando el Rey regrese y su reino sea consumado, entonces nuestros enemigos serán humillados y pisados por el estrado de los pies de nuestro Señor.

El liderazgo para la gloria de Dios no compite contra sus aliados, sino que los sostiene y ayuda, los alienta y fortalece, los reprende con esa reprensión que por más dura que sea, tiene un aroma a gracia restauradora. La única razón por la cual somos líderes, y tratamos de serlo, o queremos aprender a ser tales, es la gloria de Dios. Enseñamos al pueblo la Ley del Reino, porque deseamos que sigan, adoren y amen al Dios verdadero, que caminen juntos adorando al único digno de ser adorado. 

Somos caballeros de espada y escudo, con ropas que llevan el estigma de la cruz, a veces manchada de sangre, barro, sudor y lágrimas, vamos adelante en la batalla, tenemos que ser valientes, el pueblo necesita vernos convencidos y con una fe fortalecida por la certeza de la victoria final, porque al final, nosotros ganaremos, al final veremos nuevamente ser reconstruida Jerusalén, con sus murallas levantadas como nunca antes, resplandeciendo entre las naciones.

Seguimos colocando los ladrillos del muro, aunque incluso, dentro de la ciudad, detrás de nuestras filas hay hermanos que no lo entienden, y hasta nos reprochan por estar tan pendientes de la muralla, en lugar de relajarnos un poco. Levantamos el muro para quienes nos apoyan, y para estos que no entienden también, aquellos que vociferan seguros dentro de la ciudad ignorando que nuestra espada protege sus vidas por la gracia de Dios. 

© Por Fares Palacios. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.