Los hijos son un regalo de Dios, ellos son un tesoro y además una herencia del Señor. Alegran nuestras vidas y disfrutamos tanto sus sonrisas y ocurrencias. Realmente amamos a estos chiquillos que son el fruto del amor conyugal. Sin embargo, ese amor debe ir más allá de los abrazos, y de los cuidados externos como los de la salud, y los alimentos. Hay algo mucho más importante, y es el cuidado de sus almas. Esta vez deseo darte algunas ideas de cosas que puedes hacer, si tienes hijos pequeños, para ganar sus corazones al amor de Dios y de Su Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
En primer lugar, asegurate de que haces todo lo que esperas que ellos hagan. Llega un momento donde te das cuenta que tus hijos te observan hasta en los detalles menos pensados. Si escupes, ellos escupirán, si sonríes, ellos lo harán. Nuestra enseñanza principal debe ser la enseñanza de los hechos. Si les pides que aprendan de memoria una cita, es necesario que tu ya la hayas aprendido antes. Si les pides que perdonen a su hermanito, es menester que tu hayas perdonado si tienes algo contra alguien, y así la lista sigue.
En primer lugar, asegurate de que haces todo lo que esperas que ellos hagan. Llega un momento donde te das cuenta que tus hijos te observan hasta en los detalles menos pensados. Si escupes, ellos escupirán, si sonríes, ellos lo harán. Nuestra enseñanza principal debe ser la enseñanza de los hechos. Si les pides que aprendan de memoria una cita, es necesario que tu ya la hayas aprendido antes. Si les pides que perdonen a su hermanito, es menester que tu hayas perdonado si tienes algo contra alguien, y así la lista sigue.
