Cantar los salmos me ha ayudado mucho para entender las implicaciones de cada frase divina que ha inspirado el santo Espíritu de Dios, ha sido en verdad algo felizmente bueno para mi alma que frecuentemente es quebrantada por estas lecturas y cánticos.
Uno de los salmos que disfruté en esa cotidianidad familiar a la que Dios me ha llamado, fue el salmo 38. De él, extraje una breve enseñanza devocional para compartir con algunos hermanos de la comunidad, pensé que era bueno que ellos pudieran escuchar lo que Dios me había dado por aquellos parajes. Así que les regalo esta meditación, basada en el pasaje antes mencionado.
